“Vinagre y rosas” (Hoy veré a Joaquín): Parte III
“Vinagre y rosas” ha sido, quizás, el disco que más hostias se ha llevado de los que Joaquín ha colocado en las estanterías de la FNAC. Muchas collejas han ido dirigidas a las nucas de los productores. Hay quién piensa que García de Diego y Varona no son “tan de oro” como Joaquín dice. Parcialmente estoy de acuerdo con esa opinión. Repito: parcialmente. Pancho Varona y Antonio García de Diego produjeron (o co-produjeron) las mejores obras musicales de Sabina que, en mi opinión, son Física y química, Esta boca es mía y Yo, mi, me, contigo. Esos tres discos, que merecen un monumento, les pertenecen a los dos.
Debo decir, nobleza obliga, que eso queda muy atrás y que, el último gran disco de Joaquín, 19 días y 500 noches, fue producido por Alejo Stivel. Lo que ha venido después es, sin ánimo de ofender, “mediocrito” para lo que han hecho (incluyendo a Joaquín).
Dice el poeta García Montero que “Federico García Lorca, Pablo Neruda, Georges Brassens, Bob Dylan, son dueños plenipotenciarios de su mundo. En cuanto uno escribe, canta y se acerca a ellos, todas las palabras suenan a Lorca, a Neruda, a Brassens, a Dylan”. En Vinagre y rosas encontramos unas letras a 4 ó 6 manos (están escritas junto a Benjamín Prado, también poeta) que hacen un amago de Sabina, pero que están muy lejos del Sabina músico, y están muy cerca del Prado poeta. Me jode como sabinista o sabinero no encontrar en los últimos dos o tres discos de Joaquín un Y sin embargo, un Contigo, un Ahora que o un Amor se llama el juego. Y no me refiero a autoplagiarse y sacar actualizaciones de canciones, por supuesto.
Es, como dice Joaquín en su tema “Resumiendo”, que se pasa el arroz*.
Vinagre y rosas está plagado de buenas canciones, todo sea dicho. No hay nada que merezca menos de un 6 en el disco, pero tampoco hay matrículas de honor.
Otra cosa son los conciertos. Benditos shows los de Joaquín, a pesar de lo que digan en El País. El año pasado asistí al del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Cuando empezó a tocar Yo me bajo en Atocha, el vello de los brazos se puso en pie. El repertorio fue universalista (tocó algo de casi todos los discos) y equilibrado. Las canciones del nuevo disco sonaron de maravilla. Un concierto de Joaquín Sabina siempre será un show digno de asistencia. No se equivoquen.
Y hoy, a ver qué nos toca. Esperemos que no sean los huevos.
*No a todos se les pasa el arroz. Con sesenta y pico, Dylan sacó un Modern times que me produce eyaculaciones precoces cuando lo oigo. Pasa que no todo el mundo es Bob Dylan.




septiembre 2nd, 2010 a las 9:53 am
“Contigo” es la canción de amor mas bonita que se ha escrito.
Muy buen post.